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Graciela Schmilchuk
Septiembre 2006



WELCOME MY SON

Una mirada –entre tantas, tantas otras

Las pinturas o las esculturas de Urs Jaeggi,
en lugar de permanecer separadas,
se constituyen en instalaciones.
Ocupan el espacio físico de una sala
o de algún lugar público. Así le sucede
desde el principio de su quehacer artístico.

Cada pieza es decididamente abstracta.
Son concebidas desde el inicio como conjuntos
que el propio artista diseña en el espacio.
Al hacerlo, veo que el espacio físico
se transforma en espacio social y político,
y las piezas abstractas en pequeños ejércitos frágiles
frente a las distintas formas del Poder.

Esos grupos sociales, sean nómades, ciudadanos,
desposeídos, migrantes o víctimas inocentes,
están llenos de preguntas, de “por qués”,
por qué la violencia, por qué la exclusión,
por qué el terror, por qué el abuso de terror,
por qué el poder asfixiante…por qué, por qué.
Y sin embargo, reina el silencio.

Percibo tensión, protagonistas y antagonistas,
pinturas y objetos, un debate que quisiera escuchar
en el espacio público, pero que no sucede.

En ocasiones, como en El silencio del desierto,
los actores sociales son invisibles, salvo en la última sala.
Sólo veo el entorno, el ámbito de sus luchas de vida o muerte,
aunque todo gira alrededor de ellos y tal vez por eso,
aunque invisibles, están presentes.

El silencio y lo mínimo en la obra de Jaeggi
me parecen formas desesperadas de quebrar la simulación de realidad producida
por los millones de imágenes y palabras que cada día, inevitablemente y a pesar nuestro,
se nos vuelven ojos, piel y obediencia indebida.




Urs Jaeggi

El silencio del desierto

La mundialización mundializa con mucha más facilidad al capital que a los obreros. Las fronteras se abren más rápido para la exportación de las fábricas que para la inmigración de la gente que busca trabajo. Para los inmigrantes ilegales las fronteras se manifiestan como muros –concretos y brutales-, como trampas mortales.
La necesidad de sobrevivir, la desesperanza, el riesgo y el miedo; la inquietud y el temor, no sólo de dejar su propia tierra (su familia, sus vecinos, su medio) por un país extraño (conocido vagamente a través de relatos, de la televisión y el cine, de vecinos o parientes) sino el miedo aún mayor de ser detenidos antes de llegar al otro lado.
El otro lado, donde se espera tener la suerte de ganarse la vida, y la esperanza – a menudo engañosa – de una vida más humana. Los países ricos necesitan trabajadores ilegales, pero para muchos de ellos el camino termina en la muerte e, inclusive en caso de éxito, en condiciones de vida discriminatorias e inhumanas.
Los muros como trampa mortal han existido y existen todavía en todos los continentes. Pero de la frontera México-EU es, duda entre todos, particularmente duro y absurdo. El llamado mercado libre es, dada la politica migratoria, una fachada. El Presidente G.W. Bush advierte el 28 Novembre 2005 que la inmigración "pone presión sobre nuestros vecinarios y nuestra rutas.” Él declara que rechaza culquier plan de amniestía para los extranjeros que residen y trabajan sin papeles en el país porque "premiar a los que violaron la ley alentaría a otros a violarla, y aumentaría la presión en nuestras fronteras".
Bush, sin otras reflexiones, define el tema migratorio en términos casi militares de defensa de la nación. Ninguna palabra sobre la situación difícil e indigna de los inmigrantes legales y sin conmocionarse por los actos peligrosos y humillantes de los desesperados inmigrantes ilegales. Su única conclusión: más tecnología moderna al servicio de la custodia de la frontera.
Esta programa, no solamente los economistas lo saben, desforma la realidad: "Necesitamos a estos inmigrantes de la misma manera que ellos nos necesitan" (Pat Ricchuti Jr., présidente del Buró Granjero del Condado de Fresno).

Los medios electrónicos se callan o si no, cuando les parece oportuno, presentan imágenes tan dramáticas y chocantes, que superan la capacidad de recepción de los espectadores.
Desde hace un tiempo, inclusive ante las grandes catástrofes se escucha "Ya basta de ese asunto, Ńdéjennos en paz Ń" Ante el exceso de imágenes, los espectadores se vuelven sordos y ciegos.
Con El silencio del desierto intento dar presencia, intensidad y sentido al problema, sin caer en lo documental o lo narrativo. Crear imágenes que correspondan a las que están prisioneras en mí. Lo que veo y da vueltas en mi cabeza: las crueldades producidas por los sistemas que no pueden o que no quieren hacer desaparecer el hambre y la humillación de sus miembros. Poner en el espacio imágenes de mi angustia y a mi sentimiento de complicidad. Este es el proyecto. Confío en la memoria, en la memoria y en la mirada de los visitantes.

Urs Jaeggi

Nomadizar

Actualmente, algunos artistas se comprometen más agresivamente con el discurso sobre el por qué y el cómo del arte. Es necesario.
La estética intenta establecer las reglas del juego (poner signos). Si los participantes son sinceros, quiebran los hechos consumados y los prejuicios, y formulan preguntas.
Hay evidencias de ello. El arte es lo que es, un edificio artificial. "El arte es sólo una palabra que no corresponde a la realidad" (Heidegger). Una pompa de jabón.
Mis reflexiones, inclusive si van más allá, giran alrededor de las cosas que Uds. ven en esta exposición.
Normalmente, en los muros se buscan cuadros aislados o formas sobre pedestales. Aquí el cuadro es el espacio. El espacio es el cuadro y el sonido.
¿Una instalación?
Primero el círculo: las instalaciones son instalaciones. El artista instala. En mi familia había dos tíos que eran instaladores Hacían y realizaban planos de objetos con un propósito claro: su funcionamiento. Instalaban sistemas de calefacción, algo útil y necesario. En arte, las instalaciones son no funcionales e inútiles. Los instaladores artistas son "descompositores" que buscan el orden en el caos, o bien aumentan el caos.
Construyen.
Un desvío. Los niños pueden dibujar o pintar bien, a menudo muy bien. En cuanto a las instalaciones basta con echar un ojo a las recámaras de los niños y observar sus vaivenes. Tratan de mover los objetos que tienen ante sí, los deshacen, los organizan. Recámaras como obras en construcción. Lo que los pequeños construyen o producen es con frecuencia irritante para los grandes, pero maravilloso para los pequeños.
E inútil como el arte y a menudo igualmente precioso, deslumbrante o chocante. Se encuentra de todo: la alegría, la inquietud, la armonía y los abismos. ¿Acaso exagero?
Tocar, intentar descubrir el funcionamiento, deshacer, rehacer, romper, reconstruir, dejar fluir los colores, buscar sonidos y ruidos. Hacer.
Las actividades de unos (los artistas) y la curiosidad y la alegría de hacer algo de los niños son similares. ¿Y los resultados?
Samuel Beckett decía: la pintura no existe, existen solamente los cuadros. Y los cuadros no son salchichas: no son ni buenos ni malos. Todo lo que se podría decir es que detrás del arte de hacer obras de arte existe una absurda y finalmente incomprensible persistencia de producir imágenes. Imágenes que interesan, sorprenden, alegran, irritan y que movilizan o conmueven al espectador.
Se puede tratar de medir las reacciones, pero eso no explica la obra de arte. Se pueden comparar las formas, los colores, la iconología: eso sistematiza los datos pero no explica la obra. El viejo debate sin solución entre lo abstracto y lo concreto, por ejemplo, es una disputa irreal. La obra de arte es abstracta y concreta. Hay diferencias, por supuesto. Y estas diferencias dicen algo, pero eso no ayuda demasiado a explicar las obras, salvo si uno se sumerge en la heurística y busca explicar minuciosamente la obra y el contexto. Insistamos: la obra de arte existe porque la consideramos como tal. ¿Quién es ese nosotros?
Aparte de los espectadores, una alianza de especialistas que surgen de la historia del arte, de la filosofía, etc. y que intentan especificar el fenómeno. Olvidémoslos por el momento, sin perderlos de vista.
Lo quieran o no, dirigen el mercado. Están en contacto directo con los artistas, cómplices del mercado. Éste no concierne solamente al comprador. Las obras de arte son una mercancía. El artista puede negarlo, pero cuando vende, sus obras están en el mercado. Y fuera de él, ¿Qué son? ¿A qué reglas se someten?

Regresamos.
Las fronteras están abiertas. Se dice que todo es posible. Pero hay guardianes que mantienen y observan las celdas. Y la vida en las celdas está bien organizada. Cada quien conoce a cada cual. Lo más interesante ocurre de todos modos en la fuga y en la frontera. Allí donde las diferentes culturas se cruzan. Y, al interior, donde las disciplinas (arte, poesía,música, ciencias naturales, filosofía, sociología) se mezclan y quiebran su autorreferencia, y deben abrir o eliminar los sistemas cerrados. Afuera, la tormenta puede ser fuerte e inquietante. Tal vez por eso el discurso interdisciplinario, que cada vez se exige más, es tan vulnerable y con frecuencia -contra sus propias palabras- de todos modos desacreditado.
Por su lado, los artistas están embarcados en discursos abiertos a otras disciplinas, tratan de cooperar con ellas. No siempre con conocimientos suficientes para ir más allá de la estética. Pero, puesto que no tienen un terreno propio y trabajan lo inutil, sus obras siguen siendo frágiles, sin que eso disminuya su importancia. Expresado de un modo un poco patético, lo que aparece más claro aquí es que las obras de arte importantes son un juego con la vida y la muerte. Y es ahí, entre bambalinas, donde aparece la condición humana y surge lo cruel, el miedo, la atrocidad de la vida moderna, pero también la tranquilidad, lo frívolo, lo conmovedor. Que lo inhumano preocupe al artista no es nuevo, pero sí más virulento en un tiempo de crisis fundamentales.
El arte y la política: la relación esencial no es en primer lugar el compromiso directo. Se pueden pintar flores, árboles, cielos y de todos modos plantearse la pregunta: ¿por qué hacer obras de arte en un mundo sin paz, donde millones de hombres lucha por sobrevivir?
No hay excusas.
Murmuro… es maravilloso que en medio del infierno algo resiste y se mantiene como las malas hierbas. Un milagro. Como el amor. Tal vez lo único que nos protege del abandono y del suicidio. Es poco y es mucho a la vez.

Urs Jaeggi

Traducido por Graciela Schmilchuk
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©  Urs Jaeggi  /  Website:  Universes in Universe  &  María Linares